OPINIÓN
El comentario de un icodense desde Castilla y León



Muro del Drago: ¿necesario?

19 de mayo 2008

Miguel Ángel Reyes Lemus
Estudiante de Periodismo en la Universidad Pontificia de Salamanca

Un amigo asturiano, estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas, me aseguró que el del Drago había sido uno de los parques más bonitos que había visitado en su vida. Yo le dije que cuando este emblema natural se construyó recibió numerosas críticas de los icodenses y que una gran mayoría de vecinos del municipio no había entrado jamás en él. Mi amigo no pudo más que sorprenderse.

Hace ya algunos años visité el recinto que preside el Drago con una amiga icodense, quien nunca había entrado. Mientras paseábamos por el lugar, le iba narrando la leyenda de la princesa guanche salvada por el propio árbol milenario de los piratas peninsulares, leyenda que con gran maestría cantaron Los Chincanayros. Mi amiga también se mostró más que sorprendida.

En definitiva, el Parque del Drago es ese gran espacio que maravilla a muchos seres humanos cada día, pero que es tremendamente desconocido por los icodenses, que incluso no saben que pueden acceder a su interior gratuitamente mostrando su DNI. Y es una verdadera lástima que este paraje, único en Canarias, no sea más alabado por los vecinos del municipio. Por el contrario, continuamente el Parque del Drago genera noticias negativas, entre las que destaca la mala gestión económica llevada a cabo por el anterior grupo de gobierno, y, cómo no, la polémica teoría de la reducción del Muro.

Respecto a este último tema, no entiendo a los que piden a gritos la desaparición de la pared de piedra que separa el Parque del Drago de otro gran parque, como es el de Andrés de Lorenzo Cáceres, conocido como plaza de San Marcos. Aprovechar económicamente el filón que supone tener en el municipio una obra natural única en nuestra comunidad autónoma no es, ni mucho menos, una idea descabellada. No me alejo de los que, como yo, recuerdan que en muchos lugares turísticos cobran entrada por visitar sitios emblemáticos. ¿Por qué no poder hacerlo en Icod? Desde mi punto de vista, el hecho de pagar por entrar al Drago a los visitantes que no residen en Canarias es un método más de aprovechamiento turístico, sin ningún matiz de delincuencia.

Por otra parte, no me convencen los vagos argumentos de los que quieren bajar el muro del Drago. Sostienen que el Muro va en contra de la dignidad municipal.  Los ecologistas de ATAN, por ejemplo, en su web oficial el 23 de julio de 1998 decían: “Una planta que simboliza la ciudad que lo rodeó se encuentra completamente aislada de la población que en ella habita”. La culpa del aislamiento del Drago no es un muro;  la culpa es del poco interés de los habitantes que no se ven motivados a visitar el lugar por la poca promoción que de él se hace.  

En términos más prácticos, ¿qué sentido tiene bajar el muro del Drago? Esta reivindicación social icodense parece haberse convertido en un capricho. Porque, en términos racionales más que patrióticos, si queremos mantener el Parque tal y como lo conocemos hoy, ¿qué otra medida de seguridad se colocará para sustituirlo en aras de proteger de posibles atentados al majestuoso árbol?

Quede clara, entonces, mi postura, y la de muchos que como yo creen que el Parque del Drago es un elemento turístico, patrimonial y poco conocido entre los icodenses. Estaremos de acuerdo, entonces, en que se trata de un lugar más que importante para entender no solo la idiosincrasia de Icod de los Vinos sino toda la historia natural y social de Canarias. Un lugar, en cambio, que no distancia un simple muro sino la poca promoción entre los icodenses del propio Parque.

Por cierto, si aún no has estado dentro de este maravilloso lugar, te invito a que pasees entre su flora autóctona. Además de disfrutar de la naturaleza en estado puro en pleno centro de la ciudad, podrás aprender y conocer mejor el contexto social en el que vives.